Hoy me voy a poner un poco sentimental, y no voy a hablar de
cosas que me indignan, o que me cabrean, voy a hablar de los momentos que
compensan todo lo demás. Y me va a quedar una entrada un poco cursi y ñoña,
pero que ostias, me apetece.
Si lo miras en su globalidad, la vida es algo bastante
chungo, y para la mayor parte de la gente es un poco mierder (o muy mierder).
Se trata simplemente de sobrevivir, muchas veces con bastante menos de lo
imprescindible, pero no voy a hablar de la situación en el tercer mundo; voy a hablar
de mi caso, aunque quede un poco frívolo comparándolo con lo que ocurre en el
mundo, ya que no dejo de ser un privilegiado, mi caso, como muchos españoles de
clase “media-baja” consiste en trabajar (los que de momento aún podemos), tragar
con mierdas, endeudarse y seguir trabajando para pagar esas deudas, y todo
además aderezado con sufrimientos, sinsabores, humillaciones y derrotas varias.
Pero, sin embargo, la vida merece la pena y mucho;
muchísimo. Y eso que hace que la vida sea algo realmente maravilloso no son
grandes cosas, ni hechos excepcionales, ni grandes posesiones o fortunas, si no
las pequeñas cosas, los detalles, eso que hace que un día nefasto cambie de
manera radical, o que en un momento de sufrimiento aflore una sonrisa.
Para mí la vida merece la pena por cosas muy pequeñas, pero
muy necesarias para mi salud mental, un gol del Sporting, un whatssapp de un
amigo contando un chiste, una cerveza bien fría al llegar a casa, jugar un
partido con mi equipo y darlo todo (aunque perdamos), la risa de mi hija, una
caricia de Marta, o una mirada, o un abrazo, recordar un momento divertido con tuve
algún familiar que ya no está, hablar con mi padre de fútbol, comer con mis
abuelos, reírme con mi madre, un café con alguna amiga que vive lejos y que
solo veo muy de vez en cuando…
Un sinfín de cosas que, si las miras fríamente, no tienen
valor material, económico o laboral, pero que son el tipo de cosas que hacen
que uno no arroje la toalla y siga en la brecha. Las cosas que compensan los
marrones del día a día y que, realmente son el motor de la vida (o al menos de
la mía)
Me gustaría preguntaros que cosas pequeñas son las que os permiten
seguir tras sinsabores, perrerías y disgustos, pero no tengo muy claro que alguien
lea esto, pero si lo leéis me vale con que lo penséis y os las digáis a
vosotros mismos.